La recompensa a tanto esfuerzo

En primer lugar, me considero una persona muy afortunada. Tengo dos hijas maravillosas a las que adoro y que me adoran. Siento verdadera pasión por ellas. Además, a mi lado se encuentran el amor de mi vida y unos padres a los que admiro por muchos motivos. De este modo, mi vida se desarrolla en fines de semana rodeada de naturaleza y, el resto del tiempo, en un hermoso pueblo junto al mar.

 

En cuanto a mí, como profesional, me dedico a hacer lo que más me gusta: escribir. Creo que he conseguido mantener un equilibrio entre la familia y la escritura, por lo que, ahora, puedo afirmar que, tampoco, podría vivir sin la segunda.

 

He de decir que, a razón de mi afición literaria, para llegar a ser escritora, antes he sido lectora y, en la actualidad, sigo leyendo vorazmente cuando mis obligaciones me lo permiten. Aunque no tengo mucho tiempo, siempre busco un hueco para la lectura. Particularmente, disfruto con todo tipo de obras: ensayo, poesía, narrativa…

Asimismo, tengo que añadir que he publicado en diferentes periódicos mis artículos, realizado varios trabajos de investigación y he escrito relatos. Esto me ha servido para darme cuenta de que, en la cercanía con la gente, presentando mis obras en pueblecitos o ciudades, es realmente cuando disfruto.

Mi primera novela, El último invierno se ha convertido en un orgullo para mí. La escribí estando embarazada de mi hija mayor y por eso pienso que será para siempre importante en mi vida. Tengo recuerdos muy bonitos de ella mientras la escribía.

 

Concluyo reconociendo que ha sido muy duro llegar hasta aquí y que todavía tengo mucho camino por recorrer, pero soy consciente de que cada paso que doy representa un trecho más de la senda trazada.