Y me senté sobre la tarima de madera, los pies colgando sintiendo el roce del agua. Sentí su ausencia. Miré hacia el infinito intentando que aquel vacío se llenara, cerré mis ojos y escuché el eco lejano de su voz. Mi corazón comenzó a latir con más fuerza y entonces comprendí que no se había ido, no lo haría nunca mientras yo le pensara, mientras yo le sintiera cerca de mi. Ya no volvería a verlo nunca más, pero sabía que él estaba allí conmigo solo tenía que detener el tiempo. Solo tenía que mirar con los ojos del corazón…

 

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La ausencia
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