La escritora Irene Nemiovski murió hace 62 años, su corazón dejó de latir, muy lejos de su familia. Nemirovski fue la única hija de un acaudalado banquero judío ucraniano. El francés fue prácticamente su lengua materna, criada por una institutriz e ignorada completamente por su madre, con un padre casi siempre ausente por motivos de negocios, Nemirovski fue forjándose poco a poco su carácter luchador. En realidad su familia era lo que en aquel momento se llamaban nuevos ricos. Irene era una judía rica, pero esta condición no la salvó de morir en Auschtwitz (donde  también moriría al poco tiempo su marido) víctima del tifus. Irene hablaba varios idiomas, entre ellos polaco, vasco, inglés, ruso, fines y como no; yiddish. Esto nos da una magnitud de lo culta que era y del talento que poseía innato en su persona, su muerte supuso una gran pérdida para la humanidad. Se licenció en letras en la Sorbona y comenzó a escribir con tan solo 18 años. Como muchos escritores de su época comenzó escribiendo relatos cortos y cuentos. Se casó con un ingeniero curiosamente transformado en banquero y tuvieron dos hijas, estas serían a posteriori piezas clave en la difusión de su obra. Su primera novela David Golder la mandó a una editorial sin nombre ni dirección, el director de la editorial donde se publicó, así como el resto de entendidos en la materia en aquel momento, pensaron que la novela la había escrito un hombre y se sorprendieron al saber tiempo después que su autora fue una mujer. De esta su primera novela se hicieron varias adaptaciones para cine y teatro. Poco a poco Irene Nemirovski considerada como francesa se fue haciendo un hueco no solo en el mundo literario, sino también en la sociedad del momento, pero este hecho no le sirvió para que el gobierno francés le otorgara la nacionalidad, y no lo consiguió simplemente por el hecho de ser judía. Irene Nemirovski era judía. Rica y culta pero judía al fin y al cabo y esto no gustaba al gobierno de la época. Con el estallido de la segunda guerra mundial  comienzan las leyes antisemitas en Francia y víctima de ellas se le prohíbe publicar y a su marido acudir a la banca para desempeñar su trabajo. Irene sigue escribiendo a escondidas y es así como poco a poco va tejiendo esa maraña de personajes que habitan La suite francesa, (la va escribiendo casi como una crónica de lo que sucedía en aquel momento) su obra incompleta para desgracia del mundo entero.  Nemirovski fue apresada en París el 17 de agosto y trasladada a Auschwtiz, donde murió asesinada a los 39 años de edad. Su marido hizo innumerables gestiones para liberarla desde el mismo día de su arresto pero fue en vano, finalmente tres después que a Irene lo apresaron a él también, en este caso su marido murió en la cámara de gas. Sus dos hijas vivieron escondidas durante el tiempo que duro la guerra, ayudadas por amigos de la familia, siempre llevaban una maleta con los manuscritos inéditos de su madre, entre ellos La suite francesa, en ella también había fotos  y documentos de la familia. Con tan solo trece  y cinco años ya son huérfanas. Marchan a Niza con su institutriz donde vive la abuela materna, la madre de Irene, en una gran y ostentosa mansión. Fue incapaz de abrirles la puerta, desde el otro lado de la verja les dijo que puesto que sus padres habían muerto y eran huérfanas, lo mejor que podían hacer es ir a un orfanato. Una de las cosas más tristes de esta historia es que cuando termina la guerra y los supervivientes de Auschwitz regresan a casa, sus hijas, Denisse y Elisabeth acuden día tras día inútilmente a buscar a sus padres. Durante mucho tiempo sus hijas no sabían si debían mostrar al mundo los manuscritos de su madre, finalmente deciden que lo mejor es que se conozca la obra de Irene y la dejan en depósito legal, no sin antes mecanografiar de nuevo los manuscritos, leyéndolos con una lupa y descifrando la apretada caligrafía. La obra de Nemirovski ha estado oculta más de 60 años. La suite francesa solo llega tener dos partes de las cinco que en realidad tenía pensado Nemirovski.

Hoy miro las viejas fotografías de la escritora y pienso en como hubiera sido su vida, en cómo sería la vida de tantas personas que murieron sin ninguna causa por culpa de la obsesión de un loco por gobernar el mundo entero. Y mirando sus ojos, su sonrisa; pienso que la tengo frente a mí  y que la estoy entrevistando, ya he terminado mi entrevista con ella, ha respondido a todas mis preguntas. Me quedo mirando la maleta que tiene a su lado y me recuerda las maletas de tantos judíos…yo le pregunto si por favor me puede responder una última pregunta y ella hace un gesto afirmativo con la cabeza sonriéndome, entonces yo le pregunto qué es lo que lleva en esa maleta que siempre la acompaña y ella piensa antes de responder a mi pregunta, tan solo son segundos, me mira y contesta con una suave voz; sueños, solo sueños. Por qué las esperanzas de vivir, de un futuro ya solo son sueños para los de mi condición, es lo único que nos queda nada más que sueños.

Salgo del viejo café frente al Sena, el viento silba por París y una niebla espesa cubre la visión de los edificios, una suave llovizna empieza a caer y me saca de mi ensoñación, camino del hotel bajo mi paraguas pienso que el holocausto se llevó miles de vidas humanas y por el camino quedaron pisoteadas las esperanzas, las ilusiones de tantos seres humanos que fueron tratados como auténticos animales. Muchas voces se apagaron, Irene Nemirovski fue una de ellas. Quedan en el recuerdo las pocas fotografías y los manuscritos que sus hijas pudieron esconder.

 

 

Irene Nemirovski
Etiquetado en:                                                                        

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *