La mesa quedó solitaria, como sus vacías vidas.  Tan solo una decisión y, su mundo se resquebrajó haciéndose añicos. El periódico y las dos tazas de café fueron los únicos testigos de que en algún momento, estuvieron sentados uno frente al otro. Se miraron por última vez, frente a ellos, en la calle la vida seguía, como siempre. Caminantes que pasaban ante sus ojos como muñecos autómatas, risas que llegaban lejanas fruto del eco de las voces de la gente que ese día se deja ver por aquel lugar. Nadie se dio cuenta de que los dos estaban sentados en silencio, el cenicero lleno de colillas de cigarrillos y sus ojos, esquivando la mirada del otro. Todo seguía igual que antes, igual que la primera vez que se sentaron en la mesa de aquel, café. Solo que esta vez…Era la última vez,  para ellos.

 

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